martes, 3 de noviembre de 2009

El jueves pasado dejé definitivamente México DF pero no le dije adios, sino más bien hasta el año que viene. Por delante me esperaba la parte de la gira más dura en cuanto a Kms. Primera parada; Hermosillo.Fueron tres horas de vuelo en las que el paisaje fue cambiando de todos los posibles verdes al color grisáceo del desierto de Sonora. Cuando el avion comenzó a descender para tomar tierra, descubri ante mis ojos un paisaje que me era familiar. Si no fuera porque me separaban miles de kms, hubiera jurado que sobrevolaba el desierto de los Monegros, y cuando llegué al aeropuerto, si no hubiera sido por los militares armados hasta los dientes, y por los perros, habría jurado que aterrizaba en el aeropuerto de Zaragoza. El lugar donde actuabamos estaba al lado de la Plaza Zaragoza, donde se ubicaba también la catedral, que para más guasa tenía dos torres parecidas a las del Pilar. Vamos, que solo me faltó encontrarme a alguien con cachirulo. El concierto era al aire libre, en el patio de una antigua casona, pero contra pronóstico entro un frente frío que complicó la noche y casi me pasmo. Tuve que cantar cual cebolla de Fuentes, forrada de capas. Aun así el público aguantó, y disfrutó. En la sala me comentaron que ponían con frecuencia mi disco. Cual fue mi sorpresa cuando comprobé que, efectivamente había gente que conocía las canciones, e incluso un chico que resultó ser profesor de guitarra, me contó que les enseñaba a sus alumnos mis canciones en clase.

A la mañana siguiente, otro vuelo; esta vez a Mexicali. De nuevo voy con mi cargamento particular (maleton, discos, teclado y guitarra) y me encuentro con la sorpresa de que volábamos en un avion de esos chiquitos, tipo jet privado, pero que en lugar de ser ocupado por un reducido numero de individuos privilegiados bebiendo champagne y comiendo caviar, lo ocupábamos 50 almas apretadas bebiendo cocacola y comiendo cacahuetes. El avión se movia que era un primor, y desde las minúsculas ventanas pude apreciar en toda su magnitud lo que era el desierto de baja California . Aterrizamos en una pista que estaba literalmente en medio de la arena del desierto, y de nuevo los soldados y los perros antidroga. Cuando salí a la calle sentí que me aplastaba el calor (unos 37 º) a lo que alguien que estaba esperando un taxi comentó ¡¡¡pues estos dias tenemos un tiempo de lo más agradable, en verano lo normal son entre 49 y 50 º ¡¡¡¡¡¡¡. En el cielo, ni una nube.Yo pensaba que me moría de calor, pero no terminaban alli mis problemas termicos. De repente empezó a anochecer a las 16,30 y bajó la temperatura de golpe hasta el punto de tener que volver a ponerme mi traje de cebolla de Fuentes para actuar, pues el concierto era en el jardin de la casa de un promotor particular que organiza conciertos, con sus mesas, sus velas y demás. La verdad es que a pesar del frío se creó un ambiente muy especial. Terminamos la noche comiendo unos tacos a las tres de la mañana, que por cierto no me sentaron muy bien y que me tuvieron todo el dia siguiente con malestar.

Por la manana rumbo a Tijuana en autobus. La ruta transcurre por un puerto de montaña serpenteante a través del desierto con unos barrancos de vértigo, y en los que se aprecian los coches que se han ido cayendo por el precipicio. A mitad del viaje, retencion y control policial por el asunto del narcotráfico y la guerra que mantiene el ejército contra los narcos.Pararon el autobús, nos hicieron bajar a todos y revisaron las maletas una por una, abriendolas y rebuscando entre la ropa y demás. Con mi maleta alucinaron........


Esto es lo que habia pintado en el puesto de control en medio del desierto.



Llegamos a Tijuana, una de las ciudades más peligrosas de México, y me encontré ante una ciudad tan grande como Madrid, entre montañas deserticas, llena de casas apetolonadas y caótica. Las ciudades del norte como Hermosillo o Mexicali tienen un aspecto muy americano, pero Tijuana a pesar de estar pegada a la frontera, es muy particular, no es ni mexicana ni americana. Más bien es un batiburrillo de las dos culturas sin orden ni concierto. Es dificil de catalogar.
Vino a buscarnos Walter, un amigo de Alejandro, y nos llevo a su casa. Yo me quedé alli porque mi estómago continuaba peleandose con los tacos de la noche anterior. Cuando regresaron de comer me contaron que les paro un control del ejercito y a punta de pistola les registraron el coche porque estaban buscando a un narco. Menos mal que me libre de esa, porque si me encañonan con una metralleta, igual me da un infarto. Alli desgraciadamente eso está a la orden del dia....(lo de que te apunten con una metralleta, no lo del infarto). Luego el concierto resultó muy bien. Hubo menos gente de la que se esperaba, porque era el día 31 y alli, estan muy influenciados por los gringos y celebaran Halloween, ( incluso algunos de los asistentes al concierto iban disfrazados). Al día siguiente nos fuimos a desayunar unos burritos, nos dieron un tour en el coche por la avenida Revolucion (famosa por no dormir nunca y haber sido en años pasados lugar de juerga y desenfreno para los americanos que pasaban desde San Diego), y nos dispusimos a cruzar la frontera, pero ese es otro capítulo ..............

3 comentarios:

Jóse Bellosta dijo...

Excepcional explicación de la geografía, flora y fauna de México... Así ya no tengo que ir. Insisto, en que la vida de un artista es muy dura...Si yo me monto en ese mini-avión, ahora estaría muerto !!!!!
Animo Maria José, que ya queda menos.

garcholaire dijo...

GUAUUUUUUUUUUU!!!!, que bueno saber de ti Güey!!!! Me alegro que la experiencia esté siendo tan intensa, y tan realista, alinfluencia ed los medios con la politica, lo correcto y lo incorrecto,no nos hace ver lo que de verdad se cuece en los lugares conflictivos.
Cuidate mucho, que se que lo estas haciendo, y Mucha Mierda/ A Lot of Shit!

Unicornio Azul dijo...

Que buena cronica, M.José, me alegro que todo esté saliendo bien. Reconozco que me he reido un poco con algun comentario que has hecho.
Mañana último concierto en Las Vegas, y vuelta pa casa.

Mucho ánimo. Espero y deseo que la experiencia vivida haya sido más que gratificante.